PERSONAJES proyecto. Así se formó el primer equipo de investigación en Física Nuclear –“Pura y Aplicada”– que tuvo la Universidad. Aunque ninguno de nosotros sabía del tema, sería nuestra tarea montar los laboratorios necesarios y, además, el formarnos a nosotros mismos como científicos profesionales, lo que implicaba salir de Chile a hacer doctorados en universidades prestigiosas de Europa y Estados Unidos. A su juicio, ¿cuál es el gran aporte del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas? Cambiamos el nivel de la enseñanza de la Física y la Ingeniería. Tuvimos que avanzar con mucha rapidez desde el siglo XIX hasta el siglo XX para mejorar la entrega de contenidos. Por eso creo que hay razones para estar optimistas con lo que se ha avanzado hasta hoy, sin embargo, tengo que reconocer que no me gusta el sistema universitario actual. No me gusta que la universidad sea comercio, no me gusta que los alumnos sean clientes, no me gusta que los profesores trabajen en función de un sueldo. Por supuesto que hay que pagarles, pero uno tiene que trabajar porque le gusta. En mi generación todos tuvimos la oportunidad de quedarnos en el extranjero y de estar mucho mejor económicamente, pero nos quedamos en Chile porque nos gustaba. Había una mística, un deseo de cambiar las cosas. Cuando era profesor sentía que apoyar a mis alumnos para que pudieran seguir estudios de postgrado era un problema personal. Una vez que lo conseguían me comunicaba con ellos para saber cómo les iba. Esa tarea casi no se hace hoy. La gente tiende a no hablarse y solo se envía correos electrónicos. ¿Cómo reaccionaron los ingenieros de la Facultad ante este nuevo proyecto? Había desconfianza al principio pero, a raíz del esfuerzo que estábamos haciendo, llegó al recién creado Departamento de Física un profesor de la Universidad de Oxford que enseñaba Electricidad y Magnetismo. Un día me encontré con él mientras llenaba una pizarra con ecuaciones. Me preguntó algunas cosas y yo las respondí. Él me quedó mirando y me dijo: “¿usted qué está haciendo aquí? Usted debería estar en Inglaterra”. Entonces fue al Consejo Británico, pidió que me becaran y fui seleccionado para estudiar un doctorado en Física Teórica en la Universidad de Manchester. Al llegar, la gente del Departamento de Física de Inglaterra comenzó a decirme que no tenía ninguna posibilidad de ser físico teórico si es que venía de una carrera como Ingeniería Eléctrica. Me molesté bastante y decidí pedirle al profesor a cargo que me diera una oportunidad. Me la dio y tomé un curso sobre Física de Partículas en el que el profesor era la estrella del Departamento. En la primera clase vi en el pizarrón un ejercicio con un resultado correcto, pero el cálculo mal realizado. Fui a su oficina, muerto de susto, y se lo hice notar. Para mi enorme sorpresa, en la clase siguiente, el profesor mencionó que un tal ‘Mister Saavidra’ le había hecho ver que el cálculo de cierto ejercicio estaba incorrecto y luego empezó a mencionar esta anécdota en las clases siguientes. Me hizo famoso en Manchester. Al cabo de esos tres meses me llamó el Profesor Rosenfeld, que era el jefe del Departamento de Física de la Universidad. Dijo que había oído que me iba bien y me sugirió estudiar Mecánica Cuántica. Comencé a hacerlo por mi cuenta. Luego me citó y me hizo un interrogatorio que respondí satisfactoriamente. Al final me preguntó si tenía algún paper. Le dije que tenía un artículo sobre una cámara de difusión por la cual pasaba una partícula y quedaba su huella. Tras revisarlo me dijo que lo enviaría a una revista, a ver qué decía el editor. Luego me dio un consejo: “usted no es alumno de doctorado, pero creo que pierde su tiempo al seguir cursos de nivelación. Póngase a escribir una tesis sobre el tema que usted quiera”. De ahí para adelante todo fue como en una escalera mecánica. ¿Qué momentos difíciles recuerda? Un día, durante el tiempo de la Reforma Universitaria tuve que entrar a la Facultad en medio de una protesta. Los alumnos, los profesores, incluso el decano estaban en la calle porque unos tipos se habían tomado la Universidad. Me pareció indignante esta situación, así que salté la reja para entrar, caí al suelo y no se atrevieron a hacerme nada. Aprovechando esta situación, subí al laboratorio de Física y bajé con herramientas para abrir la puerta del edificio. Entonces una turba me agarró y me empujó al suelo. En el hall del edificio de Física, un dirigente comunista dijo que había que matarme, pero había que hacerlo en la calle para que pareciera un asalto. Recuerdo, entonces, que cerraron la puerta del Departamento de Física y me dejaron solo, pero igual me quedé ahí porque quería probar un punto: lo esencial en la universidad es pensar y dar qué pensar y para eso las puertas deben estar abiertas a todas las ideas y a todas las personas. En los 70 y los 80 fue todo más tenebroso. A veces asistía a un Congreso fuera de Santiago y, al volver, encontraba mi oficina desordenada con todos mis cajones abiertos. Una vez me quitaron los libros que tenía ahí y me dejaron sobre el escritorio un libro de psiquiatría. Me robaron toda mi correspondencia, un archivador 56