A modo de Introducción:
En el Cajón del Maipo se edita un periódico semanal, se llama "Nuestro Cajón del Maipo" (lógico). Desde hace varios meses he estado colaborando en este periódico con pequeños artículos que rescatan las características e idiosincrasias de este lugar tan especial y tan poco conocido por los "Santiaguinos" (lo pongo entre comillas, pues en el Cajón, la gente es, naturalmente, "Cajonina" y orgullosa de serlo). Con suerte, después de muchos años, me podrían aceptar un poco.
Bueno, a los interesados, los invito a leer estas notas que rescatan algo de las historias, personajes y anécdotas de este lugar. Espero las disfruten.
Un atento saludo,
Para ver la última parte de esta historia, salte por este enlace a la continuación.
Los hilos de estos relatos aparecieron en diversas conversaciones, e invitaban a conocer más de ellos. A veces era una tertulia en “La Inesita”, pero más a menudo sucedía en el cerro, compartiendo una “choca” con algún arriero amigo. Primero algunos hechos aislados: arrieros perdidos, el frío cordillerano, avalanchas, pumas, fortaleza humana, cuentos y anécdotas. Después fueron apareciendo los nombres. Solo hace poco tenemos imágenes. El proceso ha sido análogo a buscar una meta en el cerro. Al comienzo solo se presiente, después apenas se distingue, pero a medida que nos acercamos la vamos viendo en forma más clara, como también las dificultades para alcanzarla.
Uno podría pensar que los relatos serían independientes unos de otros. Esto puede ser cierto en el valle central, donde los caminos corren paralelos. Pero con el tiempo he descubierto que en los Cajones Cordilleranos las historias son mucho más intrincadas. Los personajes están relacionados, las historias se cruzan y mezclan y forman un largo cauce que abarca desde el pasado al presente. Es como el nacimiento de los ríos cordilleranos. Nacen muy arriba, primero son pequeños hilos de agua que corren junto al hielo y nieve. De a poco se van uniendo en cursos mayores y luego conforman los ríos que le dan vida al Cajón: el Olivares, Colorado, Yeso, Volcán y el Maipo. Veremos que cada relato que trataremos de presentar en estas “Crónicas” abarca mucha distancia en tiempo y lugares. En general son historias sencillas, pero con la riqueza humana que se encuentra en estas partes.
La primera historia se inicia en una humilde majada de cabras en el sector El Ingenio a comienzos del siglo XX. Si bien los cerros han cambiado poco en estos años, estos lugares estaban mucho más remotos y lejanos de lo que sucede hoy. De hecho, al inicio de esta historia, ni siquiera existía el trencito al Volcán. Las únicas huellas para subir eran caminos troperos y puentes de cimbra que unían las riberas del Maipo y sus tributarios. La vida se dividía entre la cría de las cabras, su ordeña y la nieve. Allí, en ese lugar de vida tan dura nació Manuel Zúñiga Armijo. El año exacto no lo conocemos, solo sabemos que fue en torno a 1910.
Desde muy pequeño conoció el trabajo. En efecto, había que cuidar los piños de cabras. El niño dividía su tiempo entre los cerros, las cabras y cortas estadas en San Gabriel. En aquellos años allí no había escuela. Solo en los veranos venía una profesora que enseñaba las letras básicas a los niños que acudían a aprender. Pero el niño Manuel tenía que cuidar los cabritos en las veranadas, por lo cual no podía asistir. Por lo tanto, creció sin poder leer ni escribir.
Pero el no saber leer
y escribir no es sinónimo de ignorancia. Al contrario, el niño
Manuel dio múltiples señas de una inteligencia y sensibilidad
muy desarrollada. Su escuela fueron los cerros con sus portezuelos, vertientes
y quebradas. En ellos supo ir leyendo el libro de la naturaleza y su interpretación.
Supo ver formas fantásticas en las nubes y estoy seguro, muy seguro,
de que se quedaba embelesado observando el vuelo de los cóndores.
Figura 1: El "Vuela Poco" en su posada en San Gabriel, atendiendo a una hermosa Cajonina. Fecha aproximada, 1960 |
El niño Manuel, desde bastante pequeño se le conoció como el "Vuela Poco”. Un apodo típico de los múltiples apodos que adornan a las personas de nuestro Cajón del Maipo. Según dicen, y tiendo a pensar que pudiera ser cierto, el nombre se lo ganó Manuel del siguiente modo: él quería volar por los cerros del Ingenio, San Gabriel y el paso Maipo. El sueño de volar es muy típico en las personas con imaginación. Más aún un chico de pocos años sin duda que quería emular a los cóndores.
Primero practicó
con saltos pequeños. Después brincos cada vez más
largos. De a poco Manuel fue ganando seguridad. Finalmente decidió
volar en serio. Para ello se trepó a un gran Quillay cerca de su
casa. Me lo imagino un día asoleado, las montañas con nieve
y él arriba de una de las ramas altas del Quillay oteando el horizonte
para luego saltar. Pero el aprendiz de cóndor descubrió que
el suelo era muy duro. Por suerte las ramas del árbol amortiguaron
su caída y si bien no pudo volar, su padre le dio un apodo que lo
acompañaría toda la vida.
Manuel también
tenía otros dones. Sabemos que cocinaba muy bien y hacía
un pan amasado sin igual. Se instaló en San Gabriel y allí
construyó su casa donde pronto acogió a personas para darles
pensión. Jugaba brisca con los amigos y con su iniciativa ayudó
al progreso de San Gabriel. Tenía chispa e ingenio, era amable y
conversador.
Pero más detalles de esa etapa de su vida los daremos la próxima semana. Veremos como "El Vuela Poco" se hizo conocido en todo el Cajón y fuera de él. También contaremos como tenía asombrosos conocimientos del estado del tiempo. Incluso veremos como el diablo mete su cola en esta larga historia.
Parte 2: Los Años de San Gabriel
El Cajón del Maipo es intrincado, tiene múltiples rincones, historias y secretos. Solo a la salida de San José, poco antes del puente El Toyo, está estampada "La Pata del Diablo". La leyenda cuenta que allí el demonio dejó marcada su pata en el cerro en un arranque de rabia cuando un Cajonino lo engañó. Cierto o no, el hecho es que esta seña está a solo poca distancia de uno de los principales vados del río Maipo.
Pero por el momento dejaremos el diablo a un lado, ya habrá tiempo para hablar de él y los Cajoninos. Ahora retomaremos la saga del "Vuela Poco".
La semana pasada vimos como Manuel obtuvo su apodo. Todo el mundo aún lo recuerda como el "Vuelita". A pesar de que ganó el apodo con un porrazo, lo llevó toda la vida con orgullo, lo cual muestra que tenía gran sentido del humor y la amistad.
Al crecer dejó las majadas y crianza de animales en El Ingenio. Sabemos que hacia 1948 su padre, don Genaro, ya había fallecido. Una foto en el cementerio así lo atestigua. En la foto vemos a un Manuel de unos 38 años, rodeado de sus familiares, detrás de la tumba del padre.
Por esos años Manuel ya había iniciado su negocio en San Gabriel. En esos momentos este era un villorrio sumamente pequeño. Manuel construyó su casa al fondo de un callejón. Sus clientes fueron llegando por la calidez y amistad que les ofrecía la acogida del "Vuela Poco". A esto se sumaba una excelente mano para la cocina.
Un negocio exige llevar cuentas. Manuel no sabía leer y escribir, pero esto era solo producto de falta de escuela, no de dotes naturales. Así que tenía un gran libro de cuentas en que un sencillo dibujo identificaba un amigo. Allí marcaba las deudas (no sabría escribir, pero anotar números y saber cuanto le debían lo tenía muy claro). Los dibujos nos hablan del pasado: Doroteo, don "Teo"; Ricardo y Claudio Bustamante; Casimiro y Tomás Martínez; el "Toño" de la Quebrada. Este cuaderno es un testimonio de conversaciones, juegos de dominó, briscas y tardes conversadas con la nieve afuera en San Gabriel. De Casimiro y Tomás volveremos a hablar después por un dramático episodio cuya trama entrecruza la historia del "Vuela Poco".
Figura 2: Parte del Cuaderno de Cuentas del "Vuela Poco". |
Pero el "Vuelita" también se preocupaba de sus vecinos. Quería que San Gabriel creciera y se hiciera más próspero. Ayudó a crear un equipo de fútbol, con un humor muy Cajonino, los bautizó como el "Barrio Alto". Tenemos fotos de la inauguración del Club, con la presencia de la Alcaldesa, señora Adriana Gaete en 1981. Ayudó a que el callejón al fondo del cual estaba su casa se transformara en calle y promovió la construcción de la villa que mejoró las condiciones de vida en San Gabriel.
De a poco se fue convirtiendo en un personaje conocido a todo lo largo y ancho del Cajón del Maipo. Pero la fama del "Vuelita" llegó más allá y don Francisco lo llevó a "Noche de Ronda" y varias veces lo visitó en su simple posada. Las fotos que aún se conservan muestran al "Vuelita" rodeado de amigas y amigos. Siempre con una sonrisa amable y el sombrero ladeado pícaramente.
A todas estas características humanas se sumaban otras cualidades más esotéricas. Me voy a referir a dos de ellas que tienen gran relevancia en la trama de este relato.
La primera se refiere
a la cualidad que tenía Manuel de predecir como iba a estar el tiempo
en el año. Ya después de la primera decena de días
en Enero levantaba una gran carta en que anotaba como iba a ser el tiempo
mes a mes. Podría parecer una simple superstición, pero el
no hacerle caso al "Vuela Poco" le significó la muerte a tres arrieros
cerca del Paso Maipo.
Figura 3: el "Vuelita" ya de mucha edad, en su posada, jugando dominó con los amigos... |
La segunda fue una costumbre que no está claro cuando se inició, pero que se transformó en un ritual que el "Vuelita" repetía fielmente año tras año. Después de la primavera, don Manuel tomaba una bandera, montaba su caballo y subía a un paso detrás de El Ingenio y en lo alto plantaba la bandera. Esta se distinguía desde El Ingenio a San Gabriel. Don Teo me contó que este lugar se llama el "paso de Lo Mena". Además allí había muerto una yegua don Genaro, el papá de Manuel.
Me imagino la caminata hacia arriba del cerro, luego el instalar la bandera y el "Vuelita" solo con sus pensamientos rodeado de la belleza de la cordillera. Seguramente se tomaba su tiempo antes de bajar y es muy probable que en más de una ocasión una pareja de cóndores lo vino a observar. Allí el "Vuelita" debe haber recordado su fallido intento de emularlos.
Al comienzo de esta parte hablé del diablo. Ahora debo hablar nuevamente de él. No me cabe duda que el diablo tiene su cola enredada en los vericuetos del Cajón del Maipo. No en la forma tradicional que dice la gente, sino de una forma mucho más sutil. Las malas lenguas comenzaron a decir que el "Vuelita" tenía tratos con el diablo. De allí esa facilidad para predecir el tiempo y la rara costumbre de plantar la bandera.
Basta observar la transparente mirada del "Vuelita" para saber que esto es falso. Pero sabemos que el diablo tiene muchas formas de actuar y no me cabe duda que la maledicencia es una de las herramientas favoritas del coludo.
Ya nos acercamos al
final de este relato, donde aún tenemos cosas que contar. La próxima
semana hablaremos del dramático episodio en que por no escuchar
al "Vuelita", tres arrieros murieron congelados. También contaremos
de la última subida a plantar la bandera de Manuel Zúñiga
Armijo, más conocido como "El Vuela Poco".
Para ver la última
parte de esta historia, salte por este enlace a la continuación.
Para los masoquistas, dejo aquí enlaces a comentarios anteriores:
Para los masoquistas, dejo aquí enlaces a comentarios anteriores:
Francisco Coloane (19/08/2002)
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