Ambigüedades y Tensiones

Patricio Cordero S.

Escrito en 1998 para una revista de estudiantes que nunca vió la luz
Un reto

Se me ha pedido que opine sobre temas centrales en torno la reforma universitaria que se necesita y los cambios que la Universidad de Chile requiere. ¿Qué problema abordar? Posiblemente la cuestión de fondo es entender cómo lograr impulsar a la universidad para que supere su situación actual que, en muchos aspectos, es crítica. Tal vez la pregunta no es cuáles son los problemas, sino cómo superarlos.

Hay temas que tienen que ver con la relación entre nuestra universidad y el mundo fuera de ella (por ejemplo, el gobierno, el Estado, la sociedad) y hay temas que podríamos llamar internos. Entre los primeros, por ejemplo, está el asunto de la ``ley marco'' que, sin embargo, parece haber sido postergado por el gobierno. Entre los asuntos internos está la cuestión de cómo instalar en forma permanente del Senado Universitario. ¿Son estos los temas de fondo o hay que ir más allá? Quiero argumentar que no basta y aun peor, la universidad puede llegar a hacerse inviable si no se reconoce que hay otros problemas tremendamente importantes que también deben ser abordados. Los planteamientos que siguen solo son un primer acercamineto a un tema extremadamente complejo.

No es fácil alcanzar acuerdos amplios sobre cuál es el camino que se debe emprender para realmente acercarnos a la realización de nuestras aspiraciones corporativas. No se requiere de demasiada imaginación para hacer planteamientos atractivos que denuncien las piedras en el camino, pero ¿a dónde nos llevan tales denuncias? Plantear soluciones implica plantear cambios.

A menudo, la perpectiva de cambios produce una sensación de desasosiego e instintivamente hay oposición a ellos. A veces atraen cambios ya sea porque tienen que ver, de una manera u otra, con la recuperación de aspectos de algún pasado perdido, o bien son cambios que claramente producen algún beneficio personal. La revolución industrial, con la incorporación de máquinas que podían hacer el trabajo de muchos trabajadores, produjo profundos cambios, grandes dolores y mucha miseria. Aun así, hoy día no es fácil encontrar a alguien que quiera regresar a una vida preindustrial. El problema que se me plantea al escribir estas líneas es el siguiente. Hacer proposiciones concretas que no se limiten a salidas fáciles (y posiblemente no muy fértiles), ni enunciados atractivos y poco prácticos, ni meras añoranzas del pasado, es típicamante una tarea impopular.

¿Somos capaces de producir cambios positivos interesantes? No cabe duda que los universitarios, frente a nosotros mismos y frente al Estado, tenemos capacidad de maniobra. Al no poder volver al pasado, el asunto es entender la naturaleza de los procesos históricos que estamos viviendo. Hay que saber estimar las escalas de tiempo involucrados en estos procesos que en diversos planos están desarrollándose. Sólo entonces podemos maniobrar por rumbos que hagan el devenir más humano y minimice los dolores y miserias. No es nuestro papel oponernos a la incorporación de ``máquinas industriales'' sino a influir en la forma como el proceso se lleva a cabo. Esta idea, en la práctica, es difícil porque no es sencillo reconocer qué cambios, por negativos que nos parezcan, se han incorporado en el devenir histórico inescapablemente y cuáles pueden ser revertidos.

Buscando rumbos

Entre los problemas relativos al mundo externo está la relación que tenemos o queremos tener con la sociedad y sus representantes. Quienes manejan el país hoy---las fuerzas representadas en el parlamento, los grupos que controlan los principales medios de comunicación y otros líderes de opinión---no parecen creer que la Universidad de Chile deba recibir un trato especial, ni deba tener un aporte fiscal sustancialmente diferente del actual. Dentro de estos grupos de poder hay individuos que opinan lo contrario, pero esa no es la posición de sus grupos de referencia. ¿Puede revertirse esta situación? ¿Puede lograrse que, al menos parte de quienes manejan el país, sientan que debe haber una Universidad de Chile? ¿Es cuestión de presionar más fuerte? ¿Es un asunto de organizar movilizaciones bien coordinadas y que entusiasmen a muchos universitarios?

Como universitarios no podemos darnos el lujo de caer en fraseología ilusoria ni en ejercicios de autohalago. No necesariamente somos lo que declaramos ser, ni lo que otros quieran decir que somos. Somos lo que nuestras acciones consistentemente le prueban al país que somos. La imagen que nuestra universidad proyecta es, para bien o para mal, nuestra obra y debemos asumirla. Nuestras aspiraciones deben encausar la fuerza de la realidad, esto es, si no nos gusta la imagen que se tiene de la universidad debemos revisar nuestras formas de hacer universidad con claridad y decisión. Debemos atrevernos a plantear también esos cambios.

¿Qué hacer para lograr el reconocimiento que tan profundamente sentimos que merecemos? Tal vez debamos comenzar por tomar plena conciencia que seremos más claramente reconocidos como la universidad nacional si al menos somos líderes de creatividad en las más diversas áreas, si somos fuente que irradia pensamiento propio, que desarrolla sensibilidad por los más variados problemas nacionales y universales, si somos fuente de conocimiento desarrollando proyectos de investigación científica y técnica de gran calidad, si impartimos excelente docencia, si logramos impacto en lo humano, en lo artístico, en lo tecnológico. Si en cada área de la actividad intelectual somos foco de atención e interés. No lo somos si permitimos que continuen los bolsillos de incapacidad, de mal desempeño, de docencia repetitiva, de investigadores aislados del resto de las responsabilidades universitarias ...

Un cambio de actitud del sector político no va a surgir en forma sana sino hasta que seamos capaces, nosotros mismos, de producir algunos importantes cambios al interior de la universidad. Parte muy importante de estos cambios tienen que ver con el desempeño académico de cada unidad, y cada miembro de la universidad. Sin duda que también son necesarios cambios profundos en la forma de su gestión académica, administrativa y económica. Pero otra parte importantísima tiene que ver con el papel que cada cual juega en la universidad y la claridad o confusión que exista al respecto.

Del gran conjunto de temas que hay que abordar con Claridad está el que podemos llamar el asunto del estamento académico. Hay que enfrentarlo aun sabiendo que es un tema conflictivo y complejo y que, en la extensión de un artículo, no puede ser tratado con la profundidad que merece. El conjunto de problemas asociados al asunto del estamento académico es motivo de tensiones que dañan a la universidad, que tienden a paralizarla y que por lo tanto la debilitan. Es un tema polémico que, tan solo mencionándolo, despierta fuertes emociones, desconfianzas y, en muchos casos, recriminaciones en diversas direcciones. También es causa de amarguras porque el ``estamento académico'' está plagado por confusiones, ambigüedades y herencias históricas mal resueltas.

Antes de hablar del asunto mismo quiero entregar información que no todos los estudiantes tienen.

Un ABC necesario Con la reforma de fines de los años '60, y que culminó con el estatuto de 1971, se estableció la noción de académico: es alguien que, junto con enseñar, también hace trabajo académico creativo (sin que sean excluyentes menciono a modo de ejemplo: creación de conocimiento, creación de pensamiento, creación artística, creación de sensibilidad) y por ende repercute en el medio que le es propio. Al parecer, en aquella época esto era más que nada una aspiración de deseos ya que la gran mayoría de quienes quedaron formando parte de este estamento no cumplían con tal definición en un sentido medianamente riguroso.

En algunas facultades se comenzó, desde muy temprano, a reglamentar el significado práctico de lo que se quería entender por académico. Destaca la Carrera Académica que creó la Facultad de Ciencias Física y Matemáticas (1968-9) y que, con el tiempo, sirvió de base para crear la Carrera Académica para toda la universidad al comienzo de los años '80 (decreto universitario de 1984, modificado en 1993). El sistema que de ahí surgió ha tenido un largo proceso de rodaje y tal vez aun esté en eso. También se creó un escalafón técnico profesional (ETP, abolido en 1994) para quienes cumplían (cumplen) ese tipo de labores. Fue motivo de conflicto quienes debían pasar de uno a otro estatus (carrera académica o escalafón técnico profesional).

En el primer momento, al crearse la Carrera Académica, no todos los que quedaron en las más altas jerarquías lo merecían y no todos los que lo merecían quedaron debidamente ubicados. Lo más cómodo es decir que esto se debió a que este proceso ocurrió en tiempos de la dictadura. Hay verdad en esto, pero, sin bien pudo hacerse mucho mejor, es comprensible (aunque no es justificable) que una estructura donde personas se tenían que autojerarquizarse, los que estaban en alguna situación de poder o influencia en el momento inicial, quedaran favorablemente jerarquizados. Estas distorsiones se han ido sanando lentamente, pero aun hay mucho camino que recorrer. En estos aspectos, además, hay una gran disparidad entre una facultad y otra. Digamos, en pocas palabras, que el sistema de jerarquización, funciona, pero aun adolece de muchísimas distorsiones.

Antes de continuar permítaseme decir a los estudiantes, lectores de esta revista, que la Carrera Académica define las cinco jerarquías del cuadro adjunto. Todos los académicos de jornada completa y algunos académicos de jornada parcial deben estar en alguna de ellas. El resto de aquellos de jornada parcial están en la categoría adjunta de tan solo dos peldaños: Instructor Adjunto y Profesor Adjunto.

Un buen académico no es lo mismo que un académico que está en una de las jerarquías más altas. Esto no es cierto ni aun bajo condiciones ideales. Hay buenos y jóvenes en las jerarquías más bajas y eso no debe sorprendernos porque es así como se comienza. Un buen académico es alguien que está desplegando una capacidad creativa (produciendo con calidad, en lo académico, lo que se espera en su disciplina), está formando estudiantes y lo está haciendo, no tan solo enseñando con conocimiento profundo, sino también, está trasmitiendo experiencia, responsabilidad y entusiasmo. El buen académico es alguien con un profundo compromiso institucional y con una gran entrega a todo aquello que nuestra universidad significa.

En resumen, pienso que la universidad se ha ido dando, con gran esfuerzo y gracias a la claridad de unos pocos, una normativa respecto a la Carrera Académica. Esta normativa puede y debe ser perfeccionada, pero en lo central es correcta: considera la capacidad creativa que tenga algún impacto detectable, analiza la producción en base a esa capacidad, espera capacidad formativa, toma en cuenta que haya actividad permanente en esta segunda actividad incluyendo formación de discípulos y, especialmente en las jerarquías más altas, estudia también las responsabilidades administrativas del candidato. Debería de algún modo tomar en cuenta, en forma coherente, un indudable compromiso con las amplias metas de la universidad.

Confusiones y problemas

Surgen confusiones en torno a la idea de académico porque dentro del actual estamento académico hay quienes no cumplen con lo mínimo. Y, digámoslo muy claramente, un problema muy importante es saber responder a: ¿Qué debe hacerse con los académicos que no cumplen con estándares mínimos de calidad? ¿Qué se debe hacer con los que cumplen mal sus reponsabilidades docentes? ¿Qué debe hacerse con los que no cumplen con las tareas básicas de la Carrera Académica en cuanto a creatividad? ¿Qué debe hacerse con quienes no satisfacen, en fin, los estándares que debe tener nuestra universidad?

Aumentan las confusiones cuando aparecen personajes declarando que un profesor hace Carrera Académica cuando cumple dos de ``las tres funciones'': se refieren a docencia, ``extensión'' (a la palabra ``extensión'' se le ha asociado tal cantidad de significados que carece de uno) y naturalmente muy al final a creación. No le hacen un favor quienes quieren que la venta de servicios aparezca no tan solo como una actividad académica sino como una actividad esencial de la universidad. La venta de servicios es una actividad que se legitima en la universidad en la medida que es parte de sus tareas creativas o formativas.

Hay quienes cumplen medianamente bien, más que nada una labor docente rutinaria, y debieran llamarse docentes (aun cuando tengan algún papel, por ejemplo, dentro de un proyecto de investigación) y no debieran estar en la Carrera Académica. Hay otros que cumplen claramente una labor técnica de apoyo y sin embargo, ya no hay un ETP. Hay, también, buenos profesionales haciendo docencia y deben estar en una categoría adjunta, que no debiera confundirse con la Carrera Académica. Un caso que merece ser analizado con especial tino es el que se refiere a profesionales que no están dedicados plenamente a la universidad pero vuelcan su experiencia externa en cátedras propias. Posiblemente debamos crear posiciones muy honrosas que pudiéramos llamar de Catedrático, para estos docentes que no cumplen con los requisitos de nuestra Carrera Académica y sí cumplen con una valiosa labor muy diferente a la de tantos profesores adjuntos.

Hay muchos casos más que se podría mencionar. Terminemos esta lista mencionando el caso de los profesores que están llevando adelante un interesante proyecto en el cual hacen gala de creatividad pero se comportan más bien como meros usuarios de las dependencias universitarias y su personal; típicamente hacen una docencia pobre o irresponsable o rehuyen responsabilidades administrativas mínimas. Ellos no son buenos académicos para la Universidad de Chile aun cuando puedan serlo en otras instituciones. Carecen de compromiso.

Liberemos las tensiones

Teniendo claro todo lo anterior, se debiera poder comprender que uno de los problemas estructurales internos que más daño y parálisis causa a la universidad es la confusión, parcialmente descrita en los párrafos anteriores, que existe sobre el llamado estamento académico. La noción misma de este estamento es confusa y debiera ser abolida; es un conglomerado de estamentos a los que se deben asociar tratos, derechos y deberes muy diferentes.

Las presiones que hay para cambiar la naturaleza de la Carrera Académica tienen que ver con los grupos de personas que aparecen formalmente como académicos sin serlo, no en el sentido que la Carrera Académica define el término. Puesto que la reglamentación actual, dentro de sus contradicciones, no permite darles una salida digna, se producen situaciones tensas para todas las partes. Hay que cambiar la normativa general para que se pueda encontrar soluciones universitariamente correctas, que mejoren la calidad de la vida intrauniversitaria sin tener que rebajar el nivel de la Carrera Académica. Hay que analizar este problema con cuidado, tomar decisiones y actuar.

En estos últimos años ha sido lamentable ver cómo innumerables jóvenes (y no tanto), después de obtener una excelente formación y, en algunos casos, una experiencia académica destacada, no logran un lugar en nuestra universidad a pesar de que son necesarios en ella. ¿Somos justos con ellos dajándolos afuera mientras académicos inapropiados o personas muy esforzadas pero que no son propiamiente académicos están ocupando un lugar en la Carrera Académica? ¿Somos justos con la universidad permitiendo que esto ocurra? (Nos parece que en el plano social los conceptos de ética y justicia se unen.) ¿Estamos ayudando a que la ciudadanía vea en nosotros la universidad nacional al no presionar por los cambios necesarios? ¿No es la solución de estos problemas la principal meta que debe tener un gran movimiento por los cambios en la universidad? Si no tomamos estas problemas en nuestras manos ¿quién nos va a creer que queremos ser una universidad nacional? ¿Qué impacto tendrá tal movimiento si no asumimos estas responsabilidades mínimas?

Al resolver los malos entendidos, las ambigüedades y las confusiones internas se comenzará a tener una atmósfera más sana, más libre de tensiones, para el desarrollo de la universidad. Al resolver estos problemas internos que nos paralizan tendremos la oportunidad de adquirir la fuerza para abordar plenamente los obvios problemas externos. Recuperaremos nuestra imagen, se abrirán las puertas al apoyo del sector político más progresista del país y comenzaremos a tener una convivencia más transparente con la sociedad. Ya no habrá dudas sobre cuál es nuestro papel, no será algo que reclamemos sino algo que se nos entregará en forma natural.